Fabián es un muchacho de no más de veintitantos años, que lleva una vida entre los sabores y sinsabores del amor, tratando y en el intento de encontrar a la mujer de su vida, en su inexperiencia con las mujeres le toca pasar por muchas aventuras, algunas divertidas, unas trágicas y otras tristes, donde literalmente juegan al ping pong con su corazón. Una divertida novela juvenil, basada en las experiencias de Fabián, que también son las mismas que le suelen suceder a muchos jóvenes de su edad. La mayoría de ellas se encuentran tatuadas en este libro, en la que él nos cuenta su vida con ellas, con las mujeres que perdió por ser un mujeriego. A algunas de ellas, les escribe cartas creyendo poder recuperarlas de alguna forma, las mismas, que por supuesto, no tienen respuesta.

Solamente una noche de pasión



Estamos en un bar con vista al río - al famosísimo Río Amazonas – Armando, Braulio y yo, chupando y celebrando quien sabe qué, como siempre, cualquier cosa es buena excusa para tomarnos unas chelas. Me encanta salir con mis patas, mis hermanos, ellos dos completan el trío de mosqueteros bohemios y sinvergüenzas. Sólo con ellos puedo compartir secretos inconfesables, hablar de las intimidades más sensibles y reírme de las más desvergonzadas y atrevidas aventuras. Con ellos puedo sentarme a charlar sin tener que cuidar de mi vocabulario y sentir la libertad de vociferar las vulgaridades que se me antoje. Sólo con mis amigos tengo la complicidad de desviar juntos la mirada ante la presencia de una chica guapa, apreciarla, comentarla y hasta de tomarnos el atrevimiento de piropearla. De hacer concursos de eructos, que por cierto son biológicamente necesarios y de ser el más inmaduro del mundo y no sentir remordimiento alguno por eso.

Armando recibe a su celular la llamada de su novia, él pone la cara pavo baboso, con los ojos en forma de corazón, babeando y dando besos al teléfono, ya para que al terminar la conversación con una sonrisa de oreja a oreja nos informe “Chicos, mi Viviana esta en camino, así que, pórtense bonito” y finalmente suelta un suave suspiro que produce carcajadas a Braulio y a mi. Armando es un tipo envidiado, más alto que chato, más flaco que regordete, físicamente no es agraciado, pero tiene algo inexplicable para muchos y una gran encanto para muchas, siempre tiene de parejas a mujeres realmente guapas, de esas que son para presentarlas como novias a tus padres, de esas que son para pasearse del brazo por toda la ciudad, dejando atrás a decenas de tipos envidiando tu suerte y todos ellos preguntándose ¿Cómo lo hace?. Mientras que Braulio esta por casarse, ha decidido renacer la llama que estaba por extinguirse en la relación con su chica de seis años de noviazgo. “Amigos, Romina y yo decidimos ser padres, estoy feliz”.

Supongo que lo que me alegra es el hecho de saber que mis amigos son felices, que están felizmente acompañados. Por otro lado me remuerde la envidia y me siento infelizmente tonto de estar solo, de cargar con la culpa del fracaso de todas mis relaciones, debe ser porque mis ex, todas ellas, fueron las que terminaron conmigo. Es en momentos como este, la soledad no me resulta confortable, me intimida, me asusta. Hay muchas cosas que me gusta hacer solo: visitar librerías, comprarme ropa, leer en el baño, escribir (aunque estos dos últimos son actos solitarios por definición). No es que me aloque por tener a una mujer a mi lado, no me apuro tampoco por emparejarme y comprometerme con alguien, como otras personas que se queman la cabeza con eso y desesperados terminan enganchándose con cualquiera, a quien no aman, con quien pueden y no con quien quieren, con un espejismo, con una figuración, con una encarnación pero que representan eso que tanto soñaban, la compañía, buena o mala, pero compañía al fin. Como si inconscientemente buscaran a alguien para que sea testigo y dar crédito de sus vivencias. Estoy contento conmigo, me soporto a mi mismo, me tolero, me miro al espejo y veo lo que soy: un retaco que apenas llega al metro setenta, nariz aguileña, panza abultada que aún continua expandiendo sus dominios, miope y de pies chuecos.

Lo que no me gusta es estar en un bar y ver a mis cómplices de caza devorar frente a mis ojos a sus respectivas presas. Decido desenfundar mi rifle, levanto la mirada y logro divisar a un tipo y su chica a unos dos metros de donde estoy. Se les ve muy bien. Se les ve enamorados. A él más que a ella. Minutos después el tipo chato, gordo y con cara de borrachín monse, se levanta y se va al baño. La chica me clava una mirada que no puedo esquivar. La miro con el típico gesto de galán de barrio, le sonrío, le levanto el vaso y le hago salud a la distancia. Ella se ríe, me devuelve el gesto y bebe el último trago de lo que a lo lejos parece ser vino. No es muy bonita, pero tiene la sonrisa más linda de todo el local. Aprovechando la demora de su acompañante, me armo de valor ya embalado por el alcohol, me acerco y le digo “Despacha de una vez a tu amiguito y siéntate conmigo y mis amigos”. Mientras le hablo la veo más bonita que hace unos minutos. Me dice que no, que ya se está yendo y ese “amiguito” es su esposo. Le digo “Huy!!! que pena, bueno para otra vez será”. Me vuelve a decir que no, que es imposible “No salgo con otro tipo que no sea mi marido” y siendo medianamente provocador le entrego mi tarjeta personal, lanzando un evidente manotazo de ahogado. Ella la toma, se la guarda en el bolsillo trasero de su pantalón blanco. Regresa el chato, antes de sentarse la besa, ella recibe el beso fríamente, levanta la mirada hacia mí y luego la baja como si le causara pena que yo haya presenciado ese beso. Terminan lo poco que quedaba en la botella y se marchan. El tipo se balancea de un lado a otro, camina con dificultad, es notorio que esta completamente ebrio. Recién al pararse puedo ver en ella lo bien proporcionada que se ve, es tal el morbo que me produce apreciar esa tanguita a través de ese pantalón blanco al cuete, sin duda, su bonito trasero saca cara por ella. Así se va, sin regalarme una mirada de despedida, la única que me gustaba en todo el bar.

Yo, carente – por naturaleza – de la belleza física necesaria para hacer que las chicas se rindieran ante la menor de mis insinuaciones y piropos de seductor errático, no tengo más opción que buscar situaciones creativas para persuadir a las mujeres y llegar a ser, al menos por un mes, el hombre de sus vidas.

Mis experiencias con las mujeres me enseñaron rápidamente que, si a una chica no le gustaba desde el inicio, si el impacto de la primera impresión no resultaba como yo lo esperaba, debía optar por el sacrificado camino de la paciencia o simplemente descartarla y a apuntar la mira a otra presa. Ahí me encontraba, paciente, tolerante conmigo mismo, con la mirada de loser en mi vaso de cerveza, mientras que Armando y Viviana se encuentran felices comiéndose la boca cada vez más fogosos, con la mano de él perdiéndose entre las piernas de ella y a Romina peinando cariñosamente con la mano la cabellera de Braulio. “Tengo que ser paciente, en fin, esta no es mi noche, trata de pasarla bien” me digo mientras golpeteo la mesa y canto a toda voz la música de los Red Hot Chili Peppers. Segundos después llega un mensaje a mi celular "¿Dónde estas?" no logro reconocer el número, pero igual contesto "En el bar".

Media hora más tarde, sorprendido, veo pasar a través de la puerta, en medio de las luces y el humo de cigarros, a la chica del pantalón blanco, caminando directamente hacia mi mesa como una diosa, marcándome con la mirada fijamente, yo me quedo mudo y sonrío temblorosamente. Se para a unos metros de mi mesa y me llama coquetamente con el dedo, me acerco para saludarla, ella gira la cara hasta darle un beso de media luna, la cojo de las manos “¿bailamos?” digo, “¿se te ocurre algo mejor?” me pregunta y me clava otra vez esa mirada indescifrable. La mente se me pone en blanco y es en este momento en que se supone que debo decir algo ingenioso, algo inteligente, lo suficientemente gracioso para que ella se ría y la noche se prolongue. ¿Qué diría Armando?. Solamente se me ocurre preguntarle “¿Y tu marido?”, ella se ríe a carcajadas tapandose la boca con las manos “¡que marido! Ese idiota solamente es mi enamorado, esta borracho, se quedó dormido y no despertará hasta mañana al mediodía”, yo le sonrío, la cojo de la cintura y la hago mover al ritmo de “… I know you want me/ you know i want cha…” bailamos muy pegados, ella menea ese trasero enfundado en ese pantalón blanco, transluciendo su tanga morbosa, mientras yo le hago sentir mi excitación sobándola contra mi, la acaricio la cintura, el abdomen, paseo mis manos alrededor de sus pechos, como intentando saber cual es el límite. Le beso el hombro, sigo subiendo por el cuello llegando al borde de su rostro, ella voltea y me besa, su lengua juega dentro de mi boca, ella continúa de espaldas con sus brazos rodeando mi cuello. No para de sacudir la cadera al ritmo de la música, yo ya había dejado algunas gotas de sexo en mi pantalón. Hasta que el impertinente discjockey pone cumbia. Ella deja de sacudirse, gira, me coge la cara con las dos manos y me besa como si me quisiera arrancar los labios con los dientes y me dice una vez más “¿se te ocurre algo mejor?”. Yo embebido y dejando notar mi excitación “quitémonos de aquí, quiero pasar la noche contigo” luego me arrepiento lo que digo. “Ya la cagué, va a pensar que soy un enfermo, un troglodita sexual y me va a mandar volar” pienso. “Ya pues, vamos dice. “Vamos a mi depa” propongo. Ella asiente con la cabeza. Yo sonrío por dentro - ya estaba haciendo cuentas mentales entre lo que me costaría el telo – porque a estas alturas ya estaba sin plata. Me despido orgulloso de mis amigos.

Una vez que llegamos a la puerta de mi departamento me dice “Me llamo Cinthia. “Yo soy Fabián” nos reímos juntos. Una vez dentro, al tiempo que se quita la casaca, enciendo el equipo de sonido “Para no quedarme dormido” le digo mientras pongo un disco magnífico de Andrés Calamaro. Nos sentamos en el sillón. A los cinco minutos ella toma la iniciativa y se me lanza encima, me quita la camiseta y me empieza a pasear sus labios carnosos por mi torso desnudo. Me besa con mucha prisa, yo trato calmarla besándola despacio (siempre me siento asaltado por el tonto sentimental que llevo dentro), pero ella se muestra como apurada. Pienso: esta flaca tiene muy claro que no le interesa conocerme más allá de esta noche, es solo una aventura. Como diría Brauliolo demás son huevadas”.

Cinthia me lleva a la habitación jalándome de la cintura del pantalón, apaga la luz y prende la lámpara en la mesita de noche, mientras le abro la blusa muy despacio, con ternura, ella desabrocha el boton de mi jean, me baja el cierre y desliza su mano al interior de mi calzoncillo – el mismo que hace unas horas escogí porque tenía pocos usos y no tenía huecos – yo saco discretamente el condón de mi bolsillo derecho. Me tumba en la cama, nos terminamos de desnudar completamente, se monta encima de mí y me empieza besar por toda la cara hasta llegar a morder la oreja hasta jugar con mi arete y me susurra al oido "¿Hay algo que me jor que esto?". Hacemos el amor y mientras eso va pasando pienso en lo útil que sirvió ser honesto – o estúpito, que es lo mismo – y decir lo que piensas – o lo que tus genitales sientan – sin autocensuras.

Hoy me desperté casi al mediodía. Cinthia se marchó muy temprano. He decido venir a comerme un cebiche para recuperarme de la borrachera de la noche anterior, increíblemente no tengo resaca, no me duele la cabeza, pero si unas locas ganas de comer un rico cebiche y de volver hacer el amor con Cinthia, la provocadora chica del pantalón blanco de anoche. A partir de ahora me reprimiré menos y seré más transparente y directo, tener confianza en uno mismo es la voz. Así me haré menos daño y la pasaré mejor.

Después de una semana vuelvo a ver a Cinthia en una revista, está en una foto que tiene como leyenda “Artemio Choquehuanca, eminente empresario se casa con la señorita Cinthia Arévalo en una pomposa boda”. Quiero pensar que aquella noche quizá ella quiso tener su última aventura conmigo. Hoy me sonrío gratamente de haberme atrevido a hacer aquello que en su momento, me pareció demasiado kamikaze. El usar la estrategía del chico tímido es muy efectiva, pero la de ser osado si que da buenos resultados.

12 comentarios:

José Carlos dijo...

como siempre me haces vivir tu narración. Es bueno tener ese tipo de amigos para compartir tantas cosas buenas como las perradas y chupaderas.

Manuelín dijo...

Si pues, el que no arriesga no gana, ese e un dicho que podria encajar perfectamente n tu historia. Te animaste, dejaste al timido a un lado y te aventaste a la piscina, el alchohol inhibe y te hace mas valiente o no mi querido Raulin?

Joanna dijo...

Una vez queda en evidencia que eres un pinga loca, aunque tu lo niegues y te hagas el niño bueno. El pez muere por su boca

Armando Gonzales dijo...

JAJAJ Buenasa hermano mio, gracias por acordart de tu pata Armando en una de tus historias y Braulio... pero bien sabes que un historia no tiene fin hasta que se acave y nuestra amistad de los 3 mosqueteros tiene ya en si la historia sin fin hay mucho que contar de nuestras agitadas vidas pasadas y presente jaja salu2 hermano ta buana

Anónimo dijo...

Interesante

Anónimo dijo...

Amores fugaces de una sola noche, a quien no le ha pasado

Anónimo dijo...

perros ojala y se mueran

Luis Nole dijo...

EL QUE NO ARRIESGA NO GANA NO DICEN... BUENA HISTORIA Y ESPERO MUY PRONTO TU LIBRO!!

DARIO dijo...

ES QUE TU TIRAS TU PINTA PE RAULIN, PARA TI ES FACIL ESO DEL CHICO TIMIDO Y HACERSE EL INDIFERENTE, PERO NOSOTROS QUE SOMOS MATADITOS DE CARA, DEBEMOS LUCHARLA. SALUDOS ESTA CHEVERE LA PAGINA

Van Halen dijo...

usado o no... nadie te quita lo gozado

Laquis dijo...

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Un saludo
Fernando

J Dyana Love`s Ilska dijo...

Interesante manera de contar tu vida un tanto desstroza.....pero asi son las personas un poco de timidos y un poco de osados siempre habra eso en cualquier parte del mundo...verdad?

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