Fabián es un muchacho de no más de veintitantos años, que lleva una vida entre los sabores y sinsabores del amor, tratando y en el intento de encontrar a la mujer de su vida, en su inexperiencia con las mujeres le toca pasar por muchas aventuras, algunas divertidas, unas trágicas y otras tristes, donde literalmente juegan al ping pong con su corazón. Una divertida novela juvenil, basada en las experiencias de Fabián, que también son las mismas que le suelen suceder a muchos jóvenes de su edad. La mayoría de ellas se encuentran tatuadas en este libro, en la que él nos cuenta su vida con ellas, con las mujeres que perdió por ser un mujeriego. A algunas de ellas, les escribe cartas creyendo poder recuperarlas de alguna forma, las mismas, que por supuesto, no tienen respuesta.

Una noche de disco, sexo y mentiras



Llego al Asia, son las once, es un sábado en la noche, me acompaña Manolo, un amigo de la chamba. Previamente habíamos tomado un poquitín, yo suelo ponerme tímido cuando bebo alcohol, en realidad más tímido de lo que normalmente soy, solo me limito a observar a las chicas bonitas del lugar mientras Manolo las gilea con piropos y miradas mañosonas, a mi solo me gusta mirar, escuchar, prefiero no hablar, me quedo mudo, es que soy un borracho tonto, evito hablar para no sentirme luego como un idiota después de haber dicho alguna estupidez.

El Asia no esta muy lleno, en la puerta esta uno de los dueños, el tipo es medio extraterrestre, es gay, saluda de manera efusiva a Manolo, le hace una broma pendeja y luego me saluda con mucho respeto, es evidente que no soy su tipo, pues hace como si no estuviera y sigue conversando con Manolo, que muy discretamente le toca un lado de nalga. El dueño a pesar de su indiferencia parece buen tipo, buena gente. Nos deja entrar gratis. Manolo se me acerca y me dice “yo aquí no pago, ya sabes como es la cosa”.

Entramos y todo el lugar esta lleno de humo, muchachos gay fumando por todos lados, no me gusta el humo, me deja apestando todo horrible, el pelo, la ropa y digo: “¿Acaso estos huevones no saben que se están matando con esta tontera?”.

Subimos a la segunda planta de la discoteca, me siento en una silla junto a la barra con vista a la pista de baile, desde aquí todo se ve mejor, la música suena bien, se deja escuchar. Soy un cavernario, miro hacia todos lados tratando de identificar a una mujer que abra mis apetitos carnales. En la barra de en frente , una chica de buen cuerpo baila muy sensual dentro unos pantalones jeans súper apretados, una blusita sexy dejando ver el piercing en el ombligo y regalándome una preciosa vista de su escote, tengo urgencia porque ella voltee para verle la cara, pero nada que voltea.

Me acerco al bar y me encuentro a un gordito que conozco de hace tiempo, no le caigo bien, él piensa que yo le atrasé a su hembrita, pero nada que ver, ella lo dejó por feo y huachafo, siempre anda con su camisa media abierta y su lapicerito de oro en el bolsillo, aunque creo que no pinta, es bajito, jorobado y bien panzón, pero es buena gente el gordiolo. Me ve, me saluda y me hace así no más con los ojos, ahora se acerca y yo pido una cerveza y le pregunto “¿cuánto es socio?”, “cinco lucas” me dice, yo sé que le jode que le diga “socio” por eso mismo lo hago.

La música sigue sonando, vuelvo a la barra, me siento con mi vaso de cerveza, quiero echarle una miradita a la flaca que baila tan rico en frente mío, voltea, maldición, que impresión, me quedo pegadísimo, me gusta, me gusta mucho, no se si sea por las cervezas pero me gusta demasiado. “Se llama Mitzy” me dice Manolo; tiene buen cuerpo, cabello negro lacio, tiene una carita de ángel, esta toda sudada, se divierte rico, mientras las miradas morbosas de unos imbéciles la desvisten sin roche, es una diosa en medio de esta noche embrujada en el Asia. Confieso que me gusta a rabiar, la veo y me digo “Esta ricurita esta para morderla por todas partes”.

Mitzy: si que estas divina, eres una diosa, me fascinas porque eres descarada y coqueta, tu sabes que todos nosotros, estamos observándote con ganas, yo tengo ya la garganta reseca de tanto mirarte y con la baba por el piso. Me encanta ese pantaloncito tuyo bien marcadito, ahora no me digas que te pusiste ese pantalón de pura casualidad, estoy seguro que te probaste todo tu armario y elegiste ese. Fue precisamente por eso que me gustas, porque saltas a la vista, llamaste mi atención al toque, bailas bravaso, a pesar que tenías a otras chicas bailando a tu lado, por mucho que trataban, no lograron igualar tu sensualidad en aquella barra.

Sin darme cuenta ya me estoy moviendo al ritmo de la música que Mitzy baila. A veces pienso que debería escribir poemas, aunque la verdad yo no creo mucho en eso del amor a primera vista, pero después de esta noche tengo evidencias de sobra de que la arrechura a primera vista existe y excita. Con ella me pasa eso, la veo y me enfermo con sus movimientos, con su cabello todo largo y desordenado, cayendo libre y rebelde sobre sus hombros. Manolo se ha dado cuenta que no puedo dejar de mirarla y me dice “tienes que conocerla, háblale como sea”. Pero yo me siento tímido, no sé como acercarme y armarle charla, sólo sé que quería conocerla, que tenía que conocerla.

Mitzy deja de bailar, decide tomar un descanso y se acerca al bar, yo sigo mirándola. Me acerco a ella. Ahora la tengo a mi lado, ella esta sudando, jadeando, sonriendo. Se le acerca un mozo, no el gordito cara de chancho, sino un tipo joven, morenito, y ella le dice “necesito una gaseosita bien heladita urgente, por favor”, luego Mitzy voltea, me mira y me sonríe, yo apenas le contesto, la miro con infinita indiferencia. Debo reconocer que en el terreno amoroso la indiferencia es todo un talento, un indiferente obtiene gran rentabilidad sentimental, esta estrategia de seducción se plantea al revés de lo convencional, consiste en ignorar y hacer gala de una gran seguridad, solo comparable con la de los súper galanes y más exitosos ídolos deportivos, los tipos que lo practican ejercen un extraño magnetismo en las mujeres. Pero yo no soy tan atractivo físicamente como esos tipos así que no me conviene.

A mi me cuesta mucho utilizar esta estrategia e interpretar al sujeto indiferente. Mitzy me mira nuevamente y me sonríe, esta vez no le muestro indiferencia, soy débil, ahora le pongo la cara que pondría un ahogado ante la aparición de un salvavidas; le levanto el vaso saludándola, ella me guiña el ojo y me dice al oído “vamos a bailar” y me jala a la pista. La canción es un merengue pero mi cuerpo se mueve como si se tratara de un reguetón. Lo hago pésimo y sin duda la estoy cagando con Mitzy.

Pienso que el saber bailar no es un cualidad menor, es un privilegio ventajosísimo, y sé muy bien que si hubiera aprendido a bailar tendría el 80% de probabilidad de que la chica de turno esté revolcándose en mi cama al final de la noche. Una vez más queda en evidencia que para mi bailar es sacudir torpemente la cadera y recurrir al mismo pasito salsero de toda la vida. Pero a diferencia mía Mitzy baila como toda una profesional, se sabe todas las coreografías, además las ejecuta deliciosamente y en medio de ese horroroso humo de utilería, la generosa silueta de Mitzy resplandece. Ella parece Shakira y yo un cómico ambulante moviendo el esqueleto.

Después de varias piezas, varios chopps de chela y utilizando mis viejas estrategias de seducción, trato de ser espontaneo, auténtico y sincero, total, eso me viene resultando hasta ahora. Me siento seguro, ella se ríe, me coquetea y achina los ojos en un sutil gesto de pendejería. Yo celebro su coqueteo y le sonrío con pendejería también.

Decido mandarme, no hay pierde. Estoy seguro de que ella tiene ganas de darme un beso calentón. También estoy seguro de que el tipo que de pronto llega y se interpone entre nosotros para hablarle es su ex enamorado, un gil que se cree el canchero, más regordete que musculoso, más bajo que alto. Todo el feeling entre Mitzy y yo se diluye en el acto y mi plan se malogra. Le toco el hombro al sujeto como diciéndole “Oye locuaz, ¿no ves que estoy bailando con ella?”. Él se da vuelta y me mira como diciendo “Si me tocas otra vez, te reviento la cara”. Mitzy se acerca y me dice al oído: “Dame un minutito para arreglar esto” y yo me alejo de la escena como diciendo: “Como siempre, soy un huevón. Me hubiera hecho el indiferente y quizá ni caso le hacia a ese mofletudo”.

Me encuentro con Manolo que chupa con un grupo de gays y le cuento lo sucedido. Me dice: “Donde esta ese imbécil para chancarlo a golpes”. Yo que soy un aburrido pacifista lo calmo y le digo que “ya fue” restándole importancia al asunto. Me quedo a tomar con Manolo y sus amigos, dispuesto a olvidar a Mitzy, que de pronto reaparece abrazándome por detrás y dándome un beso en la nuca, me dice que ya habló con su ex y que podemos bailar tranquilos. La sigo a la pista de baile con la ilusión de reconstruir el clima de sensualidad en que estábamos envueltos. En la disco sonaba una bachata, nos abrazamos, mi nariz jugaba con su oreja y ella me da un delicado beso en mi cuello, me acerco lentamente a sus labios, el DJ no pudo ser más inoportuno, justo pone una secuencia de música electrónica y despierta en Mitzy unas locas ganas de saltar y sacudirse. Todo mi trabajo de anestesiarla se ha estropeado. “Maldito DJ, puto huevón, ¿no ves que ya la tenía donde quería?” pienso mientras lo miro con furia. Aguanto el segmento de electrónica y trato de seguirle el ritmo a la deliciosa Mitzy, que muero por probar, todo sea por darle una mordidita.

Descansamos un poco para refrescar la garganta, nuevamente las muestras de cariño hacía reiniciar el juego calenturiento. Cuando tuve a escasos dos milímetros de mi boca a Mitzy, la miré directo a las pupilas para certificar de que ella estuviera de acuerdo. Luego tomé aire y pensé: “Dios, sí que soy bravo” y me incliné para estamparle el beso que ella mentalmente me estaba reclamando, ahora nada ni nadie me detiene.

Pero las mujeres son impredecibles, cuando avanzo hacia su boca, ella retrocede y me dice: “Espera, no me siento muy segura, me gustas mucho y todo, pero recién te conozco, además no quiero hacer algo que después tenga que arrepentirme”. Yo que estoy recontra calentón, en estado de pindinga podría decirse. La trato de convencer atropelladamente de que no hay marcha atrás, debemos completar la travesura. Mitzy nota mi tono ansioso y desesperado. “¿No que te gusto mucho?” le digo reclamándole como un idiota, anulando toda posibilidad de que ella piense en la opción de darme al menos un beso.

Me calmo y me disculpo. Seguimos bailando cariñosamente como toda la noche. Yo pierdo las esperanzas de darle un mísero beso, hasta que ella me sorprende con un larguísimo beso de tirabuzón con lengua incluido en medio de la pista, mi cuerpo ardía a más de cien grados, le propongo irnos a otro lado, ella acepta. En el estacionamiento, seguimos calentándonos más, los toqueteos entre ambos se hacen más intensos. Mientras ella evalúa las alternativas sobre dónde prolongar la noche y yo tomando disimulado valor le propongo: “¿Y si vamos a un hotel?”.

Tras mi genial pregunta hay una pausa de unos segundos seguida de una corrosiva cadena de insultos: “¿Qué te crees que soy? ¿una pendeja de mierda?, ya llévame ahorita mismo a mi casa”. Me quedo cojudo ante esa respuesta. La llevo hasta su casa, ella se baja y me despide con un beso. No pasa nada esta noche, tampoco quiero invertir energías provocando un escándalo.

La semana siguiente la llamo al número que al empezar la noche me había dado. Lo marco, estoy muy nervioso, escucho los primeros ring, tomo aire y de pronto escucho una voz que no era de Mitzy, ni siquiera se le parece en nada, recuerdo que ella tiene la voz medio ronquita, pero no hay manera de que ella en una semana adquiera el vozarrón de cobrador de combi como el que estaba al otro lado del teléfono.
  • ¿Aló? – contesta la voz cavernosa, como la de un negro.
  • Hola, ¿se encuentra Mitzy, por favor? – digo
  • No, chochera. Este número no es de ninguna Misti, soy Juan.
  • ¿Estas seguro?
  • Claro pe huevón, marca bien y no jodas.
El tipo cuelga el teléfono y soy atacado por una serie de dudas, me siento contrariado. “¿Será que Mitzy me haya mentido? ¿Me habrá dado otro número a propósito? No, no creo. Vuelvo a marcar el mismo número y me contesta nuevamente el orangután con voz de borracho, esta vez me manda directamente a la mierda. Marco distintos números reemplazando dígitos tratando de probar que no me había mentido y que no era posible de que Mitzy me mande al desvío de una manera tan grotesca.
Le comento a Manolo del incidente, él con la más fría de las maneras de romperme el corazón, se hecho a reír y me dice:
  • Bienvenido al club hermano, te topaste con una de ellas…
  • ¿Ellas? - inocente le pregunto.
  • Ellas pues, “Las Chicas Termo” así las llaman. En el Asia hay a montones, esas huevonas tienen la peligrosa propiedad de calentarnos aprovechándose de nuestras confusiones y arrechuras, nos dejan a todos en stand by, en pausa y en dejarte con las pelotas hinchadas.
Una lección más para éste mujeriego recojudo, jamás contaba que mi querida, curvilínea, voluptuosa, bella y hasta ahora deseada Mitzy fuese integrante más de esa subversiva subclase de chicas que se dedican a calentar a los hombres y luego dejarlos con la planta llena de leche a punto de reventar, eso es un acto delincuencial.

La semana siguiente decido volver al Asia, y ahí esta Mitzy bailando muy sensual dentro unos pantalones jeans súper apretados, una blusita sexy dejando ver el piercing en el ombligo y regalando una preciosa vista de su escote, esta vez con una nueva victima que baila como un retrasado mental, lo hace peor que yo.

14 comentarios:

Juan el guapo dijo...

Eso es verdad hay muchas de esas mujeres que solo te calientan con la finalidad de que les invites cerveza, a mi y a unos amigos les paso, creo todos alugan vez nos topamos con alguna.

Las mujeres o estas chicas se valen de eso para sacar el mayor provecho de nosotros

Belinda dijo...

Agunos piensan en solo sexo cuando salen con una mujer. Nosotros somos algo mas que eso. Tenemos sentimientos. Buena historia.

Carolina dijo...

... chelas gratis, chicas thermos, patas con las "ganas aguantadas", chicas con sentimientos que no ofrecen sólo sexo, vamos todos a aprender de la lección se ha dicho!!! jjajaja

Marielita dijo...

Es verdad que las mujeres somos maliciosas, pero eso les pasa a uds los hombres por ser tan cavernicolas y debiles ante un par de piernas bonitas.

j@dir dijo...

huy huy kien abra sido esa xika !!
pero te amo amorsin
yo te kaliento pero todo lo mio es tuyo asi ke no te dejo con las ganas
jajaja
besos eres mi vida te adoro cdttt
i no te pongas en estado de pindinga en esas diskotekitas jaja!!!
de tu raysita la ke mas te kiere

Camilín en pindinga dijo...

La otra vez fui a un bar, y en otra mesa habian dos hembras bien ricas tomando solas, mi amigo se les acerco para invitarlas y ellas se vinieron a nuestra mesa. La pasamos bien, mi aigo con una y yo con otra, todo chevere, las locas coquetas nos hacian querer, y a las finales, salimos chupandonos 2 cajas, y no paso nada. Nos quedamos wevones.

Anónimo dijo...

karen:
sta historia tbm sta chevere
bravasa!!

aber si creas otra istoria ispirado en mi amita raysa

bye

Anónimo dijo...

En la noche,se encuentra de todo un poco,desde las mujeres k solo buscan pasar el rato,y provocan para obtner como reompensa un trago,las ilusas k buscan en un ser ocasionasl un sentimiento profundo,las noches de juerga es de oferta y demanda,solo los k las han vivido,saben como evirlas!!!
Naara

Jorge dijo...

Ya a tu edad debes saber distinguir de las chicas buenas y de aquellas chicas malas que hacen cosas buenas...

Suerte y ya nos vemos el fin de semana

Jorge dijo...

Por cierto ese tarado que bailaba con la flaca la semana siguiente...era yo...jajaja... y me hizo la misma pendejada...plop

Angela dijo...

oye loco que buena pastrulada la tuya, jajaja.

mario gonza dijo...

me gusto, una de las mejores que te he leido

Anónimo dijo...

pos que chistoso, como si no supieras lo que te hiba hacer ya que en esos lugares no te esperas nada bonico.

Anónimo dijo...

ERES UN SUCIO QUE NADA MAS PIENSAS EN SEXO SEXO SEXO COMO SI LAS MUJERES NO TUVIERAN SENTIMIENTOS. SUCIO

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