
Era un lindo domingo soleado, presagio de lo que podría ser una mañana muy hermosa, era el día que tenía que dar el examen de admisión en la universidad. Antes de entrar al local donde se daría la prueba, tenía que esperar en la cola y delante mío se encontraba una pequeñita, de carita bonita, cabellos castaños y lindos labios.
A primera vista me gustó mucho, después de un intercambio de miradas y de sonrisas me atreví a conversarle, de paso aprovechaba de matar el tiempo y los nervios previos al examen, le dije: “Hola, ¿a qué facultad postulas?”. “A Turismo y Hotelería…y tu ¿a cuál?” me contestó dibujándome un “hola” con su tierna sonrisa, digo tierna porque realmente lo era, tenía 16 años, recién había terminado el colegio y era su primera postulación a la universidad, a diferencia de la mía que con mis 19 años ya había pasado dos exámenes anteriores, uno malo y el otro con un resultado exitoso por lo que lo que estuve tres años estudiando Ingeniería en Industrias Alimentarias. Así es tres largos años tuvieron que pasar para darme cuenta de que la ingeniería de alimentos no era lo mío, así que decidí postular a Ingeniería de Sistemas, que era lo que me gustaba, las computadoras y los sistemas informáticos, por todo eso ya me consideraba un canchero en la materia de los exámenes de admisión.
A primera vista me gustó mucho, después de un intercambio de miradas y de sonrisas me atreví a conversarle, de paso aprovechaba de matar el tiempo y los nervios previos al examen, le dije: “Hola, ¿a qué facultad postulas?”. “A Turismo y Hotelería…y tu ¿a cuál?” me contestó dibujándome un “hola” con su tierna sonrisa, digo tierna porque realmente lo era, tenía 16 años, recién había terminado el colegio y era su primera postulación a la universidad, a diferencia de la mía que con mis 19 años ya había pasado dos exámenes anteriores, uno malo y el otro con un resultado exitoso por lo que lo que estuve tres años estudiando Ingeniería en Industrias Alimentarias. Así es tres largos años tuvieron que pasar para darme cuenta de que la ingeniería de alimentos no era lo mío, así que decidí postular a Ingeniería de Sistemas, que era lo que me gustaba, las computadoras y los sistemas informáticos, por todo eso ya me consideraba un canchero en la materia de los exámenes de admisión.












