
Cristina trabajó conmigo 2 años en la ciudad de Iquitos, desde el primer momento hicimos una muy bonita amistad, conversábamos de todo un poco, nos apoyábamos en el trabajo, le gustaba el baile, la fiesta y la chupadera. Un día me contó que salía con un hombre casado desde hace unos meses, el tipo tenía dos hijos y la mujer ya se había enterado de la relación extramarital de su marido en una oportunidad, Cristina me contó que estaba muy enamorada y que solo esperaba de que él dejara a su mujer y sus hijos para que viva con ella, la clásica, la típica promesa que hacemos todos los hombres cuando nos encontramos en una relación prohibida, esperanzas inútiles que nunca se harían realidad y le harían derramar litros de lágrimas.












