Son las 10:44 pm me encuentro en la casa de mi tía, lugar donde pasaré la noche buena, estoy en su oficina, en la sala iluminada con una sugestiva luz amarilla mi hermana y mis dos primas conversan, de fondo suenan los villancicos amenizando la noche, mientras en una pared las luces de los fuegos artificiales de la calle logran colarse a través de la ventana. Fabrizzio, mi hijo, corretea por toda la casa junto con su prima que tiene casi la misma edad que él. Mi mamá, mi tía y abuela se encuentran en la cocina alistando todo para la cena navideña, como estamos un tanto cortos de dinero compramos solo un par de pollos que fueron a parar directamente en el horno.
Desde aquí logro escuchar las conversaciones, todos charlan y se ríen a carcajadas, al parecer se les nota muy felices, pero yo en este momento no puedo compartir esa misma alegría, me siento triste una vez más, siempre logro sentir esta sensación por estas fechas, aunque para mi la navidad no es una fecha especial, aunque no me crea la filosofía del espíritu navideño pero trato de dejarme llevar por ese mensaje que a todos nos meten por la retina y los oídos que la navidad es una fiesta de unión y amor entre la familia. De pronto suena una canción súper conocida “Ven a mi casa esta navidad” pero esta vez cantada por Ricardo Montaner, esta misma canción es la que siempre canta papá, de hecho la cantábamos juntos, mi viejo y yo, yo y mi viejo. Se me viene una nostalgia muy onda en el pecho.
Otra navidad que pasaré sin mi viejo, hace ya 3 navidades que paso sin él, mientras yo estoy reunido aquí en familia no dejo de pensar en cómo la estará pasando él, que estará haciendo o si nos extrañará. Yo confío en que sí. Mi viejo es un súper hombre, lo admiro en todo sentido, es mi héroe, pero él a diferencia de otros de la ficción, es real, es un hombre de carne y hueso, con muchos defectos y muchas más virtudes, es muy sabio y al mismo tiempo un niño ingenuo, es mi mentor, de él aprendo sus éxitos y su sabiduría, pero sobretodo aprendo de sus errores. En realidad me hace mucha falta, sí, extraño un culo a este viejo huevón como alguna vez lo llamé jugando al fútbol, quizá yo sea la única persona que cree en él, soy el único que es capaz de entregarse el todo por el todo por su pellejo, aunque nunca se lo dije él bien sabe que es así. Muchos dicen con cierta bronca que nos parecemos mucho, a mi no me importa, al contrario me parece chévere emularlo inconscientemente.
Sentado en el escritorio miro hacia el balcón, diviso el edificio de en frente, observo las ventanas de los departamentos y una especie de bronca y envidia me quema por dentro. No puedo evitar sentir envidia al ver a otras familias unidas, todas sentadas alrededor de la mesa, atragantándose deliciosamente su pavo, sonriendo con sincera felicidad en sus labios, sin preocupaciones económicas, viviendo en su ciudad, en su propio mundo que ya conocen. Mientras yo sin mi padre al lado, en una ciudad que no es mía, una odiosa y antipática urbe que detesto pero que mezquinamente me acoge día a día.
Espero que esta distancia, estos difíciles momentos que estamos pasando mi madre, mi hermana, mi hijo, mi viejo y yo sea por vernos triunfadores en un tiempo no muy lejano. Por eso vengo luchando y quemándome las pestañas todo el día frente a un monitor de computadora, mi mamá como entrenadora en el colegio, mi hermana desvelándose en el trabajo y mi viejo buscándoselas en lo que puede. Somos luchadores, estuvimos en peores situaciones y ahora ya estamos saliendo del enorme hoyo donde estábamos metidos.
Ahora suena “Feliz Navidad, prospero año y felicidad…” después de ver todo el camino recorrido todos estos duros años, de lucha intensa, las cosas mejoraron y ahora me doy cuenta de que se acerca cada vez más esa dichosa "Feliz Navidad" o "Navidad Feliz", ya me imagino como será, en casa, mi viejo eligiendo una bebida para brindar mientras se acerca a mamá que se encuentra en la cocina preparando el pavo para la cena, él llega por detrás, la toma de la cintura mientras le da un beso en la mejilla y le susurra un “te amo” al oído. A mi hermana la observo poniendo la mesa, lo hace muy esmerada y dejando todo en orden con un esmero único, yo estoy en la sala eligiendo la música ideal para esta noche con Fabrizzio sentado sobre mis piernas.
De pronto una fuerte explosión de un juego pirotécnico me revienta la burbuja del sueño que estaba alucinando despierto y me trae de nuevo a la realidad, otra vez me encuentro en la oficina de mi tía, frente a la computadora, oigo la voz de mamá llamándome desde la sala para cenar, coincidentemente ya son las 11:44 pm, pero antes de levantarme de la silla, siento humedad en mis ojos, son lagrimas, saco un pañuelo del bolsillo, me seco el rostro que ya hacía inundado de nostalgia, me acerco al espejo que esta en el pasillo y al mirar mi reflejo veo la cara de papá y me digo con gran tristeza: “Mierda!!!..como te extraño viejo lindo”.